José Pereyra y el desafío de formar nuevos árbitros en San Juan: “Hay que entender que el fútbol cambió”
El exárbitro y formador, integrante de la Asociación Civil Deportiva y Cultural Formación Arbitral San Juan, visitó los estudios de Línea 4 y analizó el presente del arbitraje, la preparación de los jueces y la relación con jugadores y dirigentes. También continuará al frente de la institución en la próxima etapa.
El arbitraje atraviesa uno de los desafíos más importantes dentro del deporte: acompañar la evolución del fútbol y, al mismo tiempo, preparar árbitros capaces de responder a las nuevas exigencias que plantea la actividad.
Sobre este tema habló José Pereyra, exárbitro y formador e integrante de la Asociación Civil Deportiva y Cultural Formación Arbitral San Juan, durante su visita a los estudios de Línea 4.
La charla permitió abordar diferentes aspectos vinculados con la actualidad del arbitraje, desde la formación de nuevos jueces hasta la presión que deben soportar durante un partido y la manera en que jugadores, dirigentes y otros protagonistas interpretan sus decisiones.
Una nueva etapa al frente de la Asociación
Más allá del proceso electoral y de la renovación de autoridades, la Asociación Civil Deportiva y Cultural Formación Arbitral San Juan tendrá continuidad en su conducción, con Pereyra nuevamente como uno de los responsables de llevar adelante el proyecto.
La continuidad busca profundizar un trabajo que tiene como uno de sus principales objetivos la formación integral de árbitros, entendiendo que dirigir un partido de fútbol requiere mucho más que conocer el reglamento.
La preparación debe contemplar aspectos técnicos, físicos, psicológicos y humanos, especialmente en un contexto donde la velocidad del juego y las exigencias alrededor de los árbitros son cada vez mayores.
La mirada del jugador y del dirigente
Uno de los puntos centrales del análisis de Pereyra estuvo relacionado con la manera en que el árbitro es observado por el resto de los protagonistas del fútbol.
El jugador suele evaluar al árbitro desde la perspectiva de sus propias necesidades dentro del partido, mientras que el dirigente puede hacerlo desde los intereses de su institución. En ese contexto, una decisión arbitral puede ser interpretada de maneras completamente diferentes dependiendo del lugar que ocupa cada protagonista.
Pereyra puso sobre la mesa la necesidad de comprender que el árbitro también es una persona y que, como cualquier ser humano, puede equivocarse.
La diferencia está en que sus errores suelen quedar inmediatamente expuestos y, muchas veces, reciben una valoración mucho más dura que otras equivocaciones que se producen durante un encuentro.
Formar un árbitro lleva tiempo
Llegar a dirigir un partido no significa simplemente aprender las reglas y salir a una cancha.
La formación de un árbitro implica un proceso que debe incluir preparación física, conocimiento reglamentario, interpretación de las distintas situaciones de juego y, especialmente, un fuerte trabajo psicológico.
El árbitro debe aprender a manejar la presión, controlar sus emociones, tomar decisiones en segundos y sostenerlas aun cuando todo un estadio pueda estar cuestionándolo.
Por eso, la capacitación permanente aparece como una herramienta fundamental.
El factor psicológico, un aspecto clave
Uno de los grandes desafíos de la formación arbitral está relacionado con la preparación mental.
Durante un partido, un árbitro puede tomar decenas de decisiones en pocos minutos. Algunas serán aceptadas y otras cuestionadas. Incluso una decisión correcta puede generar protestas si afecta los intereses de uno de los equipos.
Aprender a convivir con esa presión requiere preparación.
El árbitro debe mantener la concentración, evitar que una decisión anterior condicione las siguientes y tener la capacidad de continuar dirigiendo con la misma autoridad después de una jugada polémica.
El error como parte de la condición humana
Pereyra también planteó una cuestión que atraviesa permanentemente al arbitraje: el error.
Los árbitros pueden equivocarse porque son seres humanos. Sin embargo, la repercusión de una equivocación arbitral suele ser inmediata y, en determinados contextos, puede alcanzar niveles de crítica desproporcionados.
La discusión también invita a comparar cómo se juzgan los errores de los diferentes protagonistas del fútbol.
Un delantero puede fallar una situación clara de gol, un defensor puede cometer un error que termine en un gol rival o un arquero puede equivocarse y recibir una crítica deportiva. En cambio, cuando el error es arbitral, muchas veces la discusión abandona rápidamente el terreno estrictamente deportivo.
Para Pereyra, resulta necesario recuperar una mirada más equilibrada.
Más capacitación para todos
El planteo no apunta solamente a mejorar la preparación de los árbitros.
También existe una responsabilidad compartida entre todos los protagonistas del fútbol. Jugadores, entrenadores, dirigentes y árbitros forman parte de una misma actividad y necesitan comprender mejor las reglas y las responsabilidades que cada uno tiene dentro del espectáculo deportivo.
En ese sentido, la capacitación debe ser entendida como una herramienta colectiva.
Conocer el reglamento, comprender las decisiones arbitrales y saber cuáles son los límites dentro de un campo de juego puede contribuir a reducir conflictos y mejorar el desarrollo de las competencias.
Un arbitraje acorde a los nuevos tiempos
El fútbol cambió y el arbitraje también debe evolucionar.
La velocidad del juego, la preparación física de los futbolistas, las nuevas interpretaciones reglamentarias y el nivel de exigencia hacen indispensable una formación permanente.
El desafío que plantea Pereyra es avanzar hacia un modelo en el que el árbitro tenga las herramientas necesarias para desempeñar su función, pero en el que también exista un mayor conocimiento por parte de jugadores, dirigentes y demás protagonistas.
La idea central es clara: para que el deporte evolucione, deben evolucionar todos los que forman parte de él.
En San Juan, la Asociación Civil Deportiva y Cultural Formación Arbitral busca justamente aportar desde ese lugar, fortaleciendo la formación de nuevos árbitros y generando espacios donde la capacitación permita construir una actividad deportiva con mayor conocimiento, respeto y responsabilidad.
Porque el objetivo final no debería ser solamente formar mejores árbitros, sino conseguir que todos los protagonistas entiendan mejor el juego y el rol que cada uno ocupa dentro de una cancha.
