El fútbol debería ser competencia, pasión, esfuerzo y respeto. Pero una vez más, una cancha de San Juan vuelve a quedar marcada por hechos que nada tienen que ver con el deporte.
En el encuentro de Cuarta División entre Desamparados y Minero Argentino se registraron incidentes que terminaron con agresiones y daños en elementos ubicados en la zona del túnel de acceso a los camarines. Situaciones que, más allá del resultado o de las responsabilidades que determine el Tribunal de Penas, dejan una imagen que duele y preocupa.
Los protagonistas son jugadores, entrenadores, dirigentes, familias y chicos que ven en el fútbol un espacio de encuentro. Por eso, cada golpe, cada agresión y cada elemento roto representan mucho más que un momento de calentura: son una señal de que algo se está perdiendo.
La rivalidad puede existir. La pasión también. Lo que nunca debería formar parte del fútbol es la violencia.
Porque cuando una cancha se convierte en escenario de agresiones, todos perdemos. Pierde el club, pierde la competencia y, sobre todo, pierde el fútbol.
Es momento de detenerse, reflexionar y entender que ganar un partido jamás puede ser más importante que respetar al rival.
