El fútbol sanjuanino dice querer crecer, pero cuando llega la hora de demostrarlo aparece el egoísmo
¿Estamos ayudando al fútbol o aprovechándonos de él?
Hay situaciones que merecen ser discutidas sin nombres propios, sin intereses particulares y, sobre todo, sin buscar culpables. Porque cuando lo que está en juego es el crecimiento del fútbol sanjuanino, la discusión debería estar por encima de cualquier camiseta.
Hoy hay dos instituciones que se ganaron dentro de la cancha el derecho a representar a San Juan en el Torneo Regional Federal Amateur: Sportivo Desamparados y Unión de Villa Krause.
Ambos clubes hicieron lo que corresponde: competir, ganar partidos, atravesar una temporada y conseguir deportivamente un lugar en una competencia que forma parte del camino hacia las categorías superiores del fútbol argentino.
Pero cuando comenzaron a armar sus planteles y salieron al mercado interno en busca de jugadores pertenecientes a otras instituciones de la Liga Sanjuanina de Fútbol, apareció una situación que debería generar, como mínimo, una profunda reflexión.
En distintos casos, el valor solicitado por el pase o préstamo de determinados futbolistas para disputar el Regional Federal Amateur habría superado el millón de pesos y, en algunos casos, alcanzado aproximadamente $1.200.000.
Y entonces aparece la pregunta incómoda:
¿Realmente queremos que el fútbol sanjuanino crezca?
Porque resulta contradictorio sostener permanentemente que San Juan necesita más clubes en los torneos nacionales, que hay que fortalecer las instituciones, que nuestros equipos tienen que llegar cada vez más lejos en las competencias organizadas por la AFA y que los futbolistas sanjuaninos necesitan mayores posibilidades de mostrarse.
Pero cuando llega el momento concreto de facilitar ese crecimiento, aparece otra lógica: “si el jugador es mío, quiero sacar el mayor beneficio posible”.
Por supuesto que cada institución tiene derecho a defender sus intereses. Nadie discute eso.
Los clubes necesitan recursos. Mantener una estructura deportiva cuesta dinero. Formar jugadores cuesta dinero. Tener instalaciones, cuerpos técnicos, divisiones inferiores y competir durante todo el año requiere un esfuerzo económico enorme.
Pero una cosa es poner en valor el patrimonio deportivo y otra muy distinta es establecer cifras que parecen completamente alejadas de la realidad económica que atraviesan actualmente las instituciones.
¿Estamos ayudando al fútbol o aprovechándonos de él?
Ese es el verdadero debate.
Porque si un club de la Liga Sanjuanina tiene un jugador que puede dar un salto deportivo y representar a San Juan en una competencia federal, debería existir también una mirada estratégica.
Ese futbolista no solamente puede beneficiar al club que lo recibe.
Puede beneficiarse él mismo.
Puede beneficiarse su club de origen.
Puede beneficiarse el club que lo incorpora.
Puede ganar exposición el fútbol sanjuanino.
Y, eventualmente, puede aparecer una oportunidad para que ese jugador continúe creciendo en el sistema de competencias nacionales.
Entonces, ¿por qué transformar esa posibilidad en una operación económica que, en determinados casos, termina siendo prácticamente inaccesible?
La economía argentina está atravesando dificultades y los clubes no son ajenos a esa realidad. Muy por el contrario: son una de las instituciones que más sienten el impacto de la crisis.
Por eso resulta difícil comprender que entre clubes de una misma liga se establezcan valores millonarios para préstamos o pases temporarios destinados a una competencia amateur.
No se trata de regalar jugadores.
No se trata de que una institución renuncie a sus derechos.
Se trata de encontrar un equilibrio.
La gran contradicción del fútbol sanjuanino
Durante años hemos reclamado que los clubes de San Juan tengan mayor presencia en las competencias nacionales.
Queremos equipos sanjuaninos en el Regional.
Queremos equipos sanjuaninos en el Federal A.
Queremos volver a tener representantes en la Primera Nacional.
Queremos que nuestros jugadores tengan posibilidades de mostrarse.
Queremos que el fútbol de la provincia tenga mayor reconocimiento.
Pero para que eso suceda no alcanza con que algunos clubes ganen dentro de la cancha.
También necesitamos que el resto del sistema acompañe.
Porque si cada vez que una institución consigue un lugar en una competencia nacional tiene que enfrentarse a una serie de obstáculos económicos generados por otras instituciones de la propia provincia, entonces estamos construyendo una contradicción difícil de explicar.
Por un lado decimos que queremos crecer.
Por el otro, cuando aparece una oportunidad concreta, buscamos sacar la máxima ventaja económica posible.
Y ahí aparece una palabra que quizás incomode, pero que merece ser mencionada:
hipocresía.
Porque puede existir un discurso público de unidad, crecimiento y desarrollo del fútbol sanjuanino, mientras en la práctica cada institución piensa exclusivamente en cuánto puede obtener de la necesidad del otro.
¿Tajada o proyecto?
Quizás haya llegado el momento de decidir qué queremos.
Si queremos que el fútbol sanjuanino sea simplemente una suma de clubes que compiten entre sí por sobrevivir, entonces cada uno hará lo que considere conveniente y buscará obtener la mayor ventaja posible.
Pero si verdaderamente queremos construir un fútbol provincial con presencia nacional, necesitamos pensar de otra manera.
Un club que llega al Regional Federal Amateur no debería ser visto solamente como alguien que viene a comprar jugadores.
También debería ser visto como un representante del fútbol sanjuanino.
Y si ese equipo logra avanzar, llegar a instancias superiores y eventualmente alcanzar el Federal A, no será solamente mérito de una institución. También será una consecuencia del trabajo de los jugadores, de los clubes formadores y de todo el fútbol de la provincia.
Por eso sería interesante que las instituciones de la Liga Sanjuanina se sienten a discutir un criterio común.
Que existan reglas.
Que haya valores razonables.
Que se protejan los derechos de los clubes formadores, pero que también se facilite la movilidad de los futbolistas cuando exista una oportunidad deportiva.
Porque de lo contrario corremos el riesgo de terminar haciendo algo verdaderamente absurdo: pedir que nuestros clubes lleguen a los torneos nacionales y, al mismo tiempo, ponerles trabas cuando finalmente consiguen ese objetivo.
El fútbol sanjuanino necesita una mirada colectiva
Sportivo Desamparados y Unión de Villa Krause se ganaron el derecho de jugar el Regional Federal Amateur.
Ahora necesitan armar equipos competitivos.
Y para eso recurren, lógicamente, a los futbolistas que juegan en nuestra propia provincia.
¿No sería lógico que entre los clubes sanjuaninos existiera una política que favoreciera esas oportunidades?
¿No sería mejor que un jugador pueda disputar un torneo nacional, mostrarse y crecer, antes que quedar encerrado en una negociación económica imposible?
¿No sería más beneficioso para todos que San Juan tenga cada año más representantes en las competencias organizadas por la AFA?
Las respuestas parecen evidentes.
El problema es que entre lo que decimos querer y lo que hacemos existe, muchas veces, una distancia enorme.
El fútbol sanjuanino no necesita solamente mejores jugadores, mejores entrenadores o mejores dirigentes.
Necesita mejores decisiones colectivas.
Porque si cada club pretende quedarse con su tajada, aunque esa tajada termine perjudicando al vecino, podremos conseguir algunos beneficios individuales.
Pero difícilmente consigamos un fútbol sanjuanino más fuerte.
Y quizás esa sea la discusión de fondo que deberíamos tener.
¿Queremos que el fútbol sanjuanino crezca en todas las categorías del fútbol argentino o solamente queremos aprovechar cada oportunidad para sacar ventaja económica del otro?
La respuesta no debería estar en un comunicado, en una conferencia de prensa ni en un discurso dirigencial.
La respuesta estará en lo que hagan los clubes cuando tengan la posibilidad concreta de ayudar a que otro club de San Juan llegue un poco más lejos.
Porque el verdadero crecimiento no se construye cuando uno gana y el otro pierde.
Se construye cuando el crecimiento de uno también termina haciendo crecer a todos.
