Cuando el fútbol vuelve a sus raíces: el valor de un saludo que desarma rivalidades
Hay momentos que no aparecen en los registros oficiales, que no definen un ascenso ni suman en la tabla, pero que dejan una huella más profunda que cualquier gol. Lo que ocurrió este lunes en el Parque de Mayo, cuando el plantel de Villa Hipódromo se cruzó de manera casual con Defensores de Argentinos, su rival en la final por el segundo ascenso, es uno de esos episodios que merecen ser contados.
En un fútbol muchas veces dominado por tensiones, discusiones y presiones desmedidas, ver a dos equipos que pelean por un objetivo grande saludarse con respeto, intercambiar palabras, reír juntos y desearse suerte resulta un soplo de aire fresco. Ese encuentro espontáneo mostró algo que a veces se olvida: detrás de cada camiseta hay personas que aman el deporte y que, más allá de la competencia, pueden reconocerse como iguales.
El gesto de grandeza de los jugadores del “Defe”, acercándose con cordialidad, y la actitud abierta del plantel de Villa Hipódromo construyeron una imagen que trasciende el contexto de una final. Fue una demostración de que la rivalidad puede convivir perfectamente con el compañerismo, de que se puede querer ganar con el alma sin dejar de respetar al adversario.
En tiempos donde el fútbol argentino suele quedar atrapado en polémicas, agresiones y declaraciones cruzadas, escenas así deberían multiplicarse. Porque cuando hay respeto, el espectáculo crece. Porque cuando los protagonistas recuerdan que la competencia no implica enemistad, el deporte se hace más noble. Y porque Villa Hipódromo y Defensores de Argentinos, con un simple saludo, mostraron que el fútbol puede ser ejemplo y no solo pasión desbordada.
Lo que ocurra en la final será definido dentro de la cancha, como corresponde. Será un partido intenso, disputado y digno de la importancia del ascenso en juego. Pero más allá del resultado, el mensaje ya está dado: el fútbol también es esto. Respeto, camaradería y la convicción de que ganar no exige dejar de ser buena gente.
Ojalá este episodio marque un camino. Que sea el inicio de una cultura deportiva más sana, más madura y más representativa de los valores que el fútbol siempre quiso transmitir. Porque cuando vuelve a su esencia, el fútbol se parece mucho a lo que se vio en el Parque de Mayo: un deporte que une más de lo que separa.
