Rosario Central volvió a imponer su jerarquía en el clásico rosarino y derrotó 2-0 a Newell’s Old Boys por el Torneo Apertura, en un Coloso del Parque que terminó en silencio. La gran figura de la tarde fue Ángel Di María, autor de un golazo decisivo pese a jugar condicionado por una molestia muscular.
Un líder que jugó al límite
El “Fideo” salió al campo con una visible dolencia en el aductor izquierdo. Durante la primera mitad evitó ejecutar pelotas paradas y administró esfuerzos, incluso con gestos claros hacia el banco de suplentes. Central entendió el contexto y lo protegió dentro del esquema.
El partido fue cerrado, con mucha fricción en la zona media y pocas situaciones claras. El equipo visitante mostró inteligencia táctica: líneas compactas, presión selectiva y control emocional en un escenario de alta tensión.
La volea que rompió el clásico
A los cinco minutos del complemento, cuando el trámite aún era equilibrado, Di María apareció en el momento justo. Tras una acción que derivó en un despeje corto, el campeón del mundo conectó una volea magistral que se clavó lejos del arquero. Un gol de jerarquía pura, de esos que definen partidos grandes.
Poco después, exhausto y ovacionado, dejó la cancha. Su esfuerzo marcó el tono anímico del equipo.
Copetti liquidó la historia
Con el ingreso de Vicente Pizarro para hacerse cargo de las pelotas detenidas, Central mantuvo orden y control. No retrocedió tras la ventaja y buscó ampliar la diferencia. Sobre el cierre, Enzo Copetti capitalizó un avance rápido y selló el 2-0 definitivo.
El triunfo consolida al “Canalla” en la pelea por los puestos de playoffs y reafirma su supremacía reciente en el clásico de la ciudad. Más allá del resultado, la imagen que quedará es la de Di María jugando al límite físico y respondiendo con talento en el momento determinante.