Hoy es el Día del Periodista Deportivo en la Argentina. Y, sinceramente, cuesta saber si realmente hay algo para celebrar.
POR JESUS CONTI
Hoy es el Día del Periodista Deportivo en la Argentina. Y, sinceramente, cuesta saber si realmente hay algo para celebrar.
Porque mientras algunos todavía entienden esta profesión como una pasión, una entrega constante al deporte y a la información, otros parecen haber perdido el rumbo. Vivimos tiempos en los que la violencia en el fútbol crece día a día, en los que los valores del deporte se ven desdibujados entre insultos, agresiones y falta de respeto.
Y, al mismo tiempo, el periodismo deportivo es bastardeado y cuestionado, muchas veces por quienes no comprenden el verdadero rol de la prensa: informar, analizar y dar voz, no ser parte de las pasiones ni de los intereses de nadie.
Ser periodista deportivo hoy no es solo hablar de goles, estadísticas o resultados. Es también poner el cuerpo y la voz en escenarios donde el respeto escasea, donde la intolerancia gana terreno y donde, a menudo, la credibilidad se pone en duda sin fundamentos.
Quizás por eso, este día debería servir menos para celebrar y más para reflexionar. Para recordar que detrás de cada transmisión, de cada crónica y de cada análisis, hay profesionales que trabajan con compromiso, muchas veces en condiciones adversas, y que merecen respeto.
Porque sin periodismo, no hay relato deportivo posible. Y sin respeto, no hay deporte que valga la pena disfrutar.
