Riquelme ratificó a Úbeda para 2026, pero Boca sigue sin un rumbo claro y se expone a otro año sin títulos

0
descarga (1)

Juan Román Riquelme confirmó la continuidad de Claudio “el Sifón” Úbeda como director técnico de Boca Juniors para la temporada 2026. El anuncio, lejos de traer certezas, abrió nuevas dudas en un club que ya transita un período prolongado de frustraciones deportivas y decisiones que parecen sostenerse más por conveniencia interna que por convicción futbolística.

La ratificación del entrenador llega en un contexto particular: nadie dentro del propio Boca se anima a garantizar que Úbeda estará al frente del equipo en el inicio de la próxima Copa Libertadores. Esa ambigüedad no es menor. En Boca, cuando un DT arranca el año sin respaldo pleno, la historia suele repetirse con un final anticipado.

Desde lo formal, la decisión existe. Desde lo político y deportivo, el respaldo es débil. Y cuando eso ocurre en un club como Boca, el margen de error se reduce a cero.

Más de lo mismo en un ciclo que no despega

Para quien observa el proceso con distancia crítica, la confirmación de Úbeda no representa un proyecto nuevo ni una apuesta fuerte, sino una continuidad administrativa sin señales claras de evolución futbolística. Boca no logra consolidar una identidad de juego, no muestra un crecimiento sostenido y sigue dependiendo de individualidades aisladas o de resultados cortoplacistas.

El problema no es exclusivamente el entrenador. El foco está en una conducción que prioriza la lealtad interna por sobre la planificación deportiva, y que evita decisiones de alto impacto aun cuando el rendimiento lo exige.

Mientras otros clubes estructuran proyectos con objetivos claros, Boca parece administrar la coyuntura partido a partido, torneo a torneo, sin una hoja de ruta convincente.

El riesgo de un cuarto año sin títulos

Si el escenario no cambia, Boca se encamina seriamente a un cuarto año consecutivo sin títulos, una situación inédita para un club acostumbrado a competir siempre por lo máximo. La falta de certezas sobre el futuro del DT, la ausencia de refuerzos de jerarquía confirmados y la indefinición sobre el armado del plantel alimentan ese pronóstico.

La Copa Libertadores, objetivo histórico y obsesivo del mundo Boca, aparece hoy más como una amenaza que como una ilusión. Llegar a ese torneo sin un liderazgo técnico sólido y sin respaldo institucional pleno suele tener consecuencias conocidas.

Una decisión que no convence

Riquelme decidió confirmar a Úbeda, pero no logró transmitir seguridad. Y en Boca, la percepción muchas veces pesa tanto como la realidad. Cuando el propio club no se anima a sostener públicamente a su entrenador más allá del corto plazo, el mensaje hacia el plantel y hacia el hincha es claro: esto puede cambiar en cualquier momento.

Por eso, más allá del anuncio, la sensación dominante es que Boca sigue atrapado en un loop, repitiendo fórmulas que no funcionan y postergando decisiones estructurales.

Desde esta mirada, la continuidad de Úbeda no marca el inicio de una nueva etapa, sino la prolongación de una inercia peligrosa. Y si no hay un giro profundo en la conducción deportiva, el 2026 corre el riesgo de convertirse, una vez más, en otro año perdido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © All rights reserved. FRANCO CONTI | CoverNews by AF themes.