San Martín rescató un empate agónico ante Lanús y mantiene viva la ilusión en el cierre del torneo
Fue una noche cargada de emociones en el Hilario Sánchez. De esas que dejan la garganta apretada y el corazón en vilo. San Martín de San Juan empató 1-1 ante Lanús en un partido que tuvo todos los condimentos: frustración, angustia, esperanza y un final que le dio al Verdinegro un respiro para seguir creyendo en la permanencia.
El inicio fue un golpe al alma para el equipo sanjuanino. Apenas a los 6 minutos de juego, una mala salida desde el fondo dejó mal parado a Recalde, y Marcich aprovechó el espacio por la izquierda para asistir a Castillo, que no perdonó frente al arco y puso el 1-0 para el Granate. Primera llegada, primer gol y un mazazo que condicionó todo.
Desde ese momento, San Martín jugó contra el reloj y contra sus propios nervios. La obligación de ganar lo llevó a empujar con más ímpetu que claridad. A los 12’, un centro de Tijanovich casi termina en empate cuando el paraguayo Canale dejó picar la pelota y el remate se estrelló en el travesaño. Era el aviso de que el equipo no se rendía, pero la fortuna le seguía dando la espalda.
El resto del primer tiempo fue una lucha constante por recuperar el control, aunque el juego se volvió trabado y con pocas ideas. La ansiedad pesó más que el fútbol, y el local se fue al descanso con la sensación amarga de estar pagando caro sus errores.
En el complemento, San Martín adelantó líneas, empujó con amor propio y fue en busca del empate con más corazón que precisión. Cuando parecía que la historia estaba sentenciada, llegó el desahogo: en el último minuto del partido, el Verdinegro encontró el gol que valió oro. El 1-1 final no alcanzó para festejar, pero sí para seguir soñando con llegar con vida a la última fecha.
Fue una noche dura, de esas que duelen y fortalecen a la vez. San Martín dejó todo, rescató un punto valioso y mantiene la ilusión de quedarse en Primera, aunque sabe que el margen de error ya no existe. El corazón sigue latiendo, y en San Juan la esperanza todavía no se rinde.
