El ciclismo sanjuanino, entre los subsidios, los costos y una Federación que no logra estabilizar el calendario
Héctor “Willy” Lucero puso sobre la mesa una discusión que atraviesa al ciclismo de San Juan: cuánto cuesta realmente organizar una carrera, cuánto aporta el Estado, qué responsabilidad tienen los clubes y por qué, aun con asistencia económica, algunas competencias quedan al borde de la suspensión. El debate también alcanza a la Federación Ciclista Sanjuanina y a la necesidad de recuperar capacidad de gestión y autogestión.
El ciclismo sanjuanino atraviesa una etapa en la que la discusión ya no pasa solamente por quién gana una carrera, qué corredor consigue una victoria o qué equipo arma el plantel más competitivo. Detrás de cada largada existe una estructura económica, logística y administrativa que determina si una competencia puede realizarse o termina suspendida.
Y en ese escenario aparece una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cuánto cuesta realmente hacer una carrera de ciclismo en San Juan y quién termina pagando esa cuenta?
Héctor “Willy” Lucero, uno de los referentes del ciclismo sanjuanino y actualmente vinculado al área de Deportes de la provincia, viene planteando públicamente una mirada crítica sobre el funcionamiento de la actividad. Su análisis apunta especialmente a la dependencia de los clubes y organizadores respecto del financiamiento estatal y a la pérdida de capacidad de autogestión que, según su interpretación, se fue profundizando durante los últimos años.
Organizar una carrera no es solamente poner una línea de largada
Una competencia de ruta implica mucho más que conseguir un recorrido y entregar premios.
Hay que contemplar seguridad, ambulancias, personal sanitario, cobertura policial, permisos, cortes de calles o rutas, señalización, seguros, fiscalización, cronometraje, infraestructura, premios, difusión y toda una estructura logística que muchas veces no aparece cuando el público observa a los ciclistas pasar.
En 2024, justamente, quedó expuesta esa complejidad cuando distintas competencias fueron suspendidas por problemas vinculados con autorizaciones y documentación. Desde el área de Deportes se señaló entonces que no se habían cumplido determinados plazos y requisitos, mientras que desde la Federación se cuestionó el funcionamiento de los trámites.
El episodio dejó una conclusión que continúa vigente: la organización de una carrera necesita planificación y coordinación entre clubes, Federación, Gobierno, Policía, Vialidad y municipios.
Cuando alguno de esos engranajes falla, el problema termina afectando al corredor.
El Estado aparece como uno de los grandes sostenes
El Gobierno de San Juan tiene programas específicos de apoyo al deporte federado y reconoce entre sus objetivos el fortalecimiento de las federaciones y ligas mediante asistencia institucional, legal, técnica, infraestructura y subsidios. Actualmente, el área de Deporte Federado trabaja con 28 federaciones y ligas.
En ciclismo, ese respaldo estatal se transforma en un componente fundamental para sostener buena parte del calendario.
La propia temporada de pista 2026 fue programada con 11 fechas entre julio y septiembre, con el Velódromo Vicente Alejo Chancay como escenario principal.
Sin embargo, durante septiembre apareció una pausa de dos semanas en la actividad y desde la cobertura especializada se señaló que el calendario completo había sido garantizado mediante el trabajo conjunto entre Gobierno y Federación.
El problema, entonces, no parece ser solamente cuánto dinero existe, sino cómo se administra, cómo se distribuye y qué obligaciones asume cada institución.
La discusión de fondo: subsidio o dependencia
Lucero fue particularmente crítico con este aspecto.
En declaraciones realizadas en 2025 sostuvo que durante años el ciclismo sanjuanino se acostumbró a funcionar mediante subsidios y que eso terminó modificando la conducta de clubes y equipos. Según su análisis, anteriormente las instituciones debían salir a buscar recursos para poder organizar carreras, mientras que posteriormente se instaló una dinámica en la que se esperaba la asistencia estatal.
La consecuencia que señaló fue una reducción del calendario.
Lucero comparó las aproximadamente 25 competencias que, según recordó, se realizaban años atrás con las 16 que contabilizaba en ese momento, cuestionando que pudiera hablarse de un calendario exitoso solamente por mantener algunas fechas.
Más allá de compartir o no completamente ese diagnóstico, el dato abre una discusión importante:
si el Estado cubre una parte sustancial del costo de organizar una competencia, ¿qué nivel de autogestión y responsabilidad económica deberían conservar los clubes?
El negocio detrás de una carrera
Aquí aparece uno de los puntos más sensibles.
Una carrera tiene ingresos que no necesariamente provienen exclusivamente del subsidio.
Puede existir dinero aportado por el Estado, apoyo municipal, sponsors privados, inscripciones de los corredores, entradas o taquilla cuando corresponde, venta de productos, publicidad y otros ingresos vinculados al evento.
Por eso, la pregunta periodística no debería limitarse a conocer cuánto entrega el Gobierno.
También debería poder conocerse:
cuánto cuesta efectivamente organizar cada competencia;
cuánto aporta el Estado;
cuánto aporta el municipio;
cuánto dinero se obtiene por inscripciones;
cuánto se recauda por taquilla cuando existe;
cuánto aportan los sponsors;
cuánto se destina a premios;
cuánto se gasta en seguridad y cobertura médica;
cuánto recibe la institución organizadora;
y cuál es el resultado económico final de cada carrera.
Sin esos números, cualquier discusión sobre rentabilidad queda incompleta.
Y allí existe una deuda de transparencia que no corresponde atribuir exclusivamente a una persona o institución: alcanza al conjunto de actores que administran recursos públicos y privados alrededor de la actividad.
Cuando los clubes amenazan con no organizar
Otro de los fenómenos que genera preocupación en el ambiente es la incertidumbre alrededor de algunas fechas.
Cuando un club plantea que no realizará una competencia porque los costos son elevados, la primera reacción puede ser entender que organizar una carrera resulta económicamente inviable.
Pero la situación requiere un análisis más profundo.
Si una parte importante de los costos está cubierta mediante aportes estatales, entonces hay que conocer exactamente qué gastos quedan a cargo del club y qué ingresos conserva la institución una vez cubiertos esos compromisos.
No se trata de afirmar que todos los clubes obtienen ganancias ni mucho menos de poner en duda sus rendiciones.
Se trata de plantear una cuestión básica de administración deportiva:
¿cuál es el modelo económico real de una carrera de ciclismo en San Juan?
Si los números están claros, la discusión se termina rápidamente.
Si no están claros, el interrogante permanece.
La Federación, en el centro de la discusión
La Federación Ciclista Sanjuanina ocupa un lugar estratégico porque debe articular buena parte de la actividad federada.
Pero la institución tampoco atraviesa un escenario sencillo.
En 2026 se produjo una fuerte polémica cuando corredores sanjuaninos tuvieron que afrontar inicialmente de su bolsillo gastos para participar del Campeonato Argentino de Ruta en Córdoba. Posteriormente, una vez acreditado el subsidio correspondiente, la Federación comenzó a realizar los reintegros.
El episodio fue una señal de alerta.
Porque cuando un ciclista debe poner dinero de su bolsillo para representar a San Juan y luego esperar que llegue un subsidio, el problema deja de ser exclusivamente financiero: también se convierte en un problema de gestión y confianza.
La Federación necesita previsibilidad.
Los clubes necesitan previsibilidad.
Los corredores necesitan previsibilidad.
Y el Gobierno también necesita saber exactamente qué está financiando.
El contraste: cuando la estructura funciona
San Juan demostró durante 2026 que todavía tiene capacidad para organizar grandes competencias.
La Vuelta a San Juan volvió a tener una importante convocatoria y contó con el respaldo del Gobierno, la organización del Pedal Club Olimpia y la fiscalización de la Federación Ciclista Sanjuanina.
También se realizó la Vuelta a San Juan Damas, con aproximadamente 150 corredoras y participación de equipos nacionales e internacionales, bajo organización de la Fundación Planeta Ramírez, apoyo federativo y auspicio del Gobierno provincial.
Y en junio se disputó la primera Vuelta a San Juan Juvenil, con unos 250 jóvenes provenientes de distintas provincias, además de Chile y Uruguay. La competencia contó con organización privada, respaldo federativo, fiscalización nacional y auspicio del Gobierno provincial.
Es decir: el problema no es que San Juan haya perdido capacidad para organizar ciclismo.
El problema está en cómo sostener esa capacidad durante todo el año y no solamente alrededor de los grandes acontecimientos.
Pista y ruta: dos realidades de una misma actividad
La pista tiene una ventaja evidente: el Velódromo Vicente Alejo Chancay permite concentrar la actividad en una infraestructura específica.
La ruta, en cambio, multiplica los costos y las dificultades.
Una carrera en ruta necesita intervenir sobre espacios públicos, garantizar seguridad vial y sanitaria y coordinar numerosos organismos.
Por eso, una fecha de ruta no puede analizarse con los mismos parámetros que una jornada de pista.
Y ahí aparece otra discusión que el ciclismo sanjuanino deberá afrontar: si el modelo actual de subsidios alcanza para sostener ambas disciplinas y, al mismo tiempo, desarrollar nuevas fuentes de financiamiento.
El verdadero desafío: volver a generar recursos propios
La crítica de Lucero sobre la pérdida de autogestión puede generar adhesiones y también cuestionamientos, pero plantea una cuestión que merece ser discutida sin prejuicios.
Un deporte federado no debería depender exclusivamente del Estado.
Tampoco sería razonable pretender que los clubes afronten solos costos que pueden resultar imposibles para instituciones que trabajan con presupuestos limitados.
La salida probablemente esté en una combinación:
Estado + Federación + clubes + sponsors + municipios + ingresos propios.
El subsidio puede ser una herramienta de promoción deportiva. El problema aparece cuando se transforma en el único mecanismo que permite que una institución funcione.
Porque si mañana el subsidio se demora, se reduce o desaparece, la carrera tampoco debería desaparecer automáticamente.
¿Cuánto cuesta realmente una carrera?
Esta debería ser una de las próximas preguntas que el ciclismo sanjuanino responda con números.
No alcanza con decir que una carrera es cara.
Hay que mostrar cuánto cuesta.
No alcanza con decir que el Gobierno ayuda.
Hay que informar cuánto aporta.
No alcanza con decir que un club no puede organizar.
Hay que explicar cuánto recibe, cuánto gasta y qué déficit tiene.
Y tampoco alcanza con hablar de ganancias.
Hay que demostrar de dónde salen y cómo se distribuyen.
La transparencia económica puede ser la mejor herramienta para terminar con las sospechas y, al mismo tiempo, proteger a los dirigentes que hacen las cosas correctamente.
Un ciclismo que necesita ordenar su modelo
San Juan tiene infraestructura, historia, corredores, clubes, público y una identidad deportiva que pocas provincias pueden exhibir.
El problema no parece estar en la falta de pasión.
Está en la estructura.
La discusión planteada por Willy Lucero vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que el ciclismo sanjuanino viene postergando: ¿qué modelo de deporte quiere construir para los próximos años?
Uno basado fundamentalmente en subsidios y asistencia estatal, o uno en el que el Estado siga siendo un actor central pero las instituciones recuperen progresivamente capacidad para generar sus propios recursos.
La respuesta no pasa solamente por la Federación.
Tampoco exclusivamente por el Gobierno.
Y mucho menos solamente por los clubes.
Es una discusión colectiva.
Porque cada vez que una carrera está a punto de caerse, cada vez que un corredor debe poner dinero de su bolsillo, cada vez que una institución reclama mayores aportes y cada vez que el Estado desembolsa recursos para sostener una competencia, la pregunta vuelve a ser la misma: cuánto cuesta realmente mantener vivo al ciclismo sanjuanino y quién está pagando esa cuenta.
Dato clave: no encontré documentación pública suficientemente precisa para afirmar montos concretos de subsidios otorgados a cada club por cada carrera ni para establecer cuánto queda como ganancia neta de cada organizador. Por eso no incorporo cifras que no estén verificadas. La discusión económica puede profundizarse mucho más si se accede a las resoluciones de subsidios, presupuestos o rendiciones correspondientes.
