Hoy se celebra el Día de la Futbolista Argentina
Y más allá de los saludos, las fotos y los reconocimientos en las redes sociales, la fecha también invita a detenernos y reflexionar sobre una realidad que muchas veces queda escondida detrás de un resultado, una camiseta o una cancha.
Ser futbolista en la Argentina todavía significa, en muchos casos, luchar mucho más de lo que corresponde.
Porque mientras el fútbol masculino cuenta históricamente con estructuras consolidadas, recursos, infraestructura y espacios de desarrollo, muchas jugadoras todavía tienen que abrirse camino casi a fuerza de voluntad. Entrenan en condiciones que no siempre son las mejores, juegan en horarios marginales, comparten o buscan canchas, afrontan largas distancias y, muchas veces, deben estudiar o trabajar mientras intentan sostener el sueño de jugar al fútbol.
El crecimiento del fútbol femenino es evidente. Nadie puede negar que en los últimos años ha ganado visibilidad, competencia y reconocimiento. Pero crecer no significa haber llegado. Todavía existe una enorme diferencia entre lo que el fútbol femenino necesita y lo que realmente recibe.
Y esa realidad también se vive en San Juan.
Hay jugadoras con talento, clubes que hacen esfuerzos y personas que trabajan silenciosamente para sostener la actividad. Pero sigue faltando mucho. Faltan mejores campos de juego, vestuarios adecuados, competencias más fortalecidas, cuerpos técnicos especializados, mayor inversión y, fundamentalmente, una política deportiva que entienda que el fútbol femenino no puede seguir dependiendo solamente del esfuerzo de las propias jugadoras y de unos pocos dirigentes comprometidos.
Porque el desarrollo no se construye con discursos. Se construye con infraestructura.
No alcanza con hablar de igualdad un día al año si después las jugadoras no tienen dónde entrenar, si deben acomodar sus horarios a la disponibilidad que dejan otras categorías o si las competencias no reciben el acompañamiento necesario. El reconocimiento verdadero no debería ser solamente una publicación en las redes sociales: debería verse en una cancha en condiciones, en una competencia organizada y en oportunidades reales.
También es necesario entender que el fútbol femenino no necesita que le regalen nada. Necesita que le permitan competir y crecer en condiciones dignas.
Las futbolistas argentinas han demostrado una y otra vez que pasión no les falta. Lo que muchas veces falta es el respaldo de una estructura que acompañe esa pasión. Y ahí está uno de los grandes desafíos: dejar de pensar al fútbol femenino como una actividad secundaria y comenzar a considerarlo definitivamente como una parte esencial del deporte.
Hoy, en el Día de la Futbolista Argentina, el saludo debe ser para todas. Para las que llegaron a Primera, para las que juegan en una selección y para las que cada fin de semana se ponen una camiseta en un torneo local. Para las que entrenan después de trabajar, para las que viajan kilómetros para jugar, para las que siguen insistiendo aun cuando las condiciones no son las ideales.
Porque detrás de cada futbolista hay una historia de esfuerzo.
Y quizás la mejor manera de homenajearlas no sea solamente decirles “feliz día”. La verdadera manera de reconocerlas es trabajar para que mañana tengan más oportunidades que las que tuvieron ayer.
El fútbol femenino argentino creció porque sus protagonistas nunca dejaron de empujar. Ahora es tiempo de que las instituciones, los clubes, los dirigentes y quienes toman decisiones hagan su parte.
Porque el talento ya está.
La pasión también.
Lo que falta es que el desarrollo deje de ser una promesa y se convierta, de una vez por todas, en una realidad.
