Suecia dejó escapar una victoria que parecía asegurada y terminó igualando 2-2 frente a Grecia en un amistoso internacional que volvió a encender interrogantes sobre el rendimiento del conjunto escandinavo a pocos días del inicio del Mundial 2026.
El equipo sueco mostró dos caras bien diferentes durante el encuentro. Por momentos dominó las acciones y logró ponerse en ventaja, pero volvió a evidenciar problemas defensivos y una preocupante falta de solidez para sostener el resultado. Grecia aprovechó esas falencias y encontró el premio en el tiempo de descuento gracias a un gol de Giorgos Masouras que decretó la igualdad definitiva.
La selección dirigida por Jon Dahl Tomasson comenzó con buenas sensaciones y consiguió adelantarse en el marcador mediante un juego ofensivo dinámico que parecía encaminar el triunfo. Sin embargo, la reacción griega no tardó en llegar y el encuentro se transformó en un intercambio constante de golpes.
A medida que avanzaron los minutos, Suecia perdió intensidad y comenzó a sufrir cada vez más los ataques del conjunto heleno. Las dificultades para controlar el mediocampo y algunos desajustes defensivos permitieron que Grecia creciera en confianza y encontrara espacios para lastimar.
Cuando todo indicaba que los suecos se quedarían con la victoria, apareció Masouras en tiempo agregado para marcar el 2-2 y silenciar cualquier intento de celebración. El tanto terminó reflejando lo ocurrido durante gran parte del partido y dejó un sabor amargo en el equipo nórdico.
Más allá del resultado, el encuentro dejó conclusiones preocupantes para Suecia. El seleccionado continúa mostrando irregularidades en su funcionamiento colectivo y no logra transmitir la seguridad esperada en la previa de una competencia de máxima exigencia.
Del lado griego, el empate fue valorado como una muestra de carácter. El equipo nunca dejó de buscar el resultado y encontró recompensa en los últimos instantes, demostrando capacidad de reacción frente a un rival que, en teoría, partía como favorito.
Para Suecia, el empate representa una nueva señal de alerta. Los resultados recientes y el rendimiento colectivo todavía no terminan de convencer, y la igualdad frente a Grecia volvió a exponer problemas que el cuerpo técnico deberá corregir rápidamente si pretende llegar con mayores garantías a los desafíos que se avecinan.
Grecia, en cambio, se marchó con una sensación positiva tras rescatar un punto sobre el final y confirmar que puede competir de igual a igual frente a selecciones de mayor tradición en el fútbol europeo. El empate, conseguido con perseverancia y personalidad, terminó por “desenmascarar” las dudas que todavía rodean al conjunto sueco.